sábado, diciembre 02, 2006

LA FORMACION DE CIENTIFICOS EN LA ARGENTINA

El actual Presidente del CONICET, Dr. Eduardo Charreau, manifestó cuando asumió que sería necesario incrementar en un período de 10 años el número actual de científicos, para lo cual se requeriría duplicar de 500 a 1000 el número de graduados que se doctoran anualmente en la Argentina en ciencias y llegar a una inversión en CyT del 1,5% del PBI, si se desea que lo que la Argentina produce y comercializa tenga valor agregado inteligente.
¿Cómo se logra la generación de nuevos científicos? Y ¿De qué depende la calidad que alcancen?
En la formación de científicos se pueden distinguir 3 etapas: a) la formación de grado, b) la iniciación en la investigación que es generalmente coincidente con la elaboración de una tesis doctoral, y c) la formación de postgrado.
La primera etapa, la obtención de un grado, se logra en las universidades. Pese a que las universidades nacionales son gratuitas no todos los jóvenes con capacidad potencial llegan. Dada la extendida franja de pobreza que aflije a nuestro país muchos no pueden completar el secundario y, a veces, ni el primario y quedan excluidos. Así se pierden irremediablemente talentos que el país no podrá recuperar.
En la Argentina hay conciencia de que la educación está en crisis en todos los niveles incluyendo el universitario. Un dato puntual insoslayable de esa crisis es que el promedio de la duración de las carreras es mucho mayor de lo que está planeado. Por ejemplo en todas las carreras de Ciencias Biológicas de las Universidades Nacionales el promedio de la duración de los planes era en 1997 de 5 años y medio pero el promedio de graduación era de 8 años y medio. Estimamos que en la actualidad sigue en esos valores (la Pág. de Estadísticas de la Secretaría de Políticas Universitarias está “en construcción”). Esta anómala y prolongada situación que perjudica a todos los graduados y no sólo a los futuros científicos no parece haber generado el análisis, debate y propuestas que la incongruencia amerita. Incongruencia porque la marcada discrepancia implica que los planes de estudios estarían mal diseñados (enciclopedistas, reiterativos, exceso de carga horaria, etc.) o mal ejecutados o una combinación de ambos tipos de razones. Siendo estas causas eminentemente académicas (no dependerían de los escasos recursos financieros) es inexplicable que no se rectifiquen. La magnitud del daño se puede apreciar en que, en esos tres años perdidos, el promedio de los graduados debería estar muy avanzado en sus tesis doctorales o en plena actividad profesional. En los países desarrollados el grado (Master o equivalente) se obtiene en 4-5 años y por lo tanto el postgrado, el Ph. D., a los 25-26 años, edad en que los argentinos recién se están graduando.
Otro problema con los graduados universitarios es la calidad de la formación adquirida por cada uno de ellos y la dificultad en evaluarla. Hace tiempo cuando el Dr. Guillermo Jaim Echeverry era Decano de Medicina de la UBA intentó negarse a firmar títulos de médicos cuyo promedio de notas en la carrera era de aplazado. Este fenómeno de títulos habilitantes otorgados con promedio aplazado sigue ocurriendo en diversas facultades del país, y no sólo de medicina. Lamentablemente la información estadística no está fácilmente disponible. ¿ Cuál es entonces el nivel de calidad de nuestros graduados universitarios?
La segunda etapa en la formación de científicos es el inicio en la investigación que sólo fue posible sistemáticamente en la Argentina a partir de 1958 cuando el Dr. Bernardo Houssay logró fundar el CONICET. Éste, con su sistema de becas y la carrera del investigador científico que permite a los jóvenes con mayor vocación y capacidad dedicar sus vidas a la investigación ha sido y es una institución esencial en el desarrollo de la Ciencia en la Argentina. Antes de 1958 el acceso a la investigación estaba limitado a quienes contaron con una renta que les permitiera dedicarse a ella. El CONICET financiaba, además, el proyecto de investigación en el que el becario/tesista participaba. Esta actividad del CONICET, la de financiar los proyectos de investigación de sus becarios e investigadores, ha estado más recientemente limitada por razones presupuestarias.
La obtención del doctorado en las universidades argentinas suele incluir una demanda excesiva de horas de clase y cursos rutinarios que consumen valioso tiempo que podría emplearse mejor. Podría usarse en la elaboración de un proyecto factible de investigación, en un área distinta de la de su tesis y del interés del supervisor, como se requiere en universidades del primer mundo. Esta actividad permitiría que el tesista desarrollase su capacidad de pensar y planear independientemente lo cual no sólo mejoraría su formación sino que ayudaría a distinguir a los tesistas con mayor potencial.
La tercer tercera etapa en la formación científica, el postgrado, posterior al doctorado, tradicionalmente se ha realizado en el exterior con las becas externas del CONICET u otras fuentes de becas. Actualmente el CONICET tiene becas posdoctorales para ser realizadas en el país, aunque con frecuencia los postdocs continúan en el mismo lugar y con el mismo tema. Esta es una etapa crítica en la formación de nuevos científicos y es generalmente un período muy productivo en la vida de los jóvenes científicos por lo que los más calificados obtienen con relativa facilidad ubicación como postdocs en Estados Unidos y Europa. Sin embargo, hay quejas porque en ocasiones los investigadores principales (PI) que le pagan al postdoc con fondos de sus subsidios tienden a considerarlos como obreros calificados y no como científicos en formación (Science, 11/08/06, p 748). La National Science Foundation ha dado un primer paso en responder a este problema solicitando a los PI informar las medidas que toman para que sus postdocs adquieran habilidades vitales tales como redactar proyectos, manejar laboratorios, ética de la investigación y participación en la enseñanza. La National Postdoctoral Association de Estados Unidos espera que estas normas se profundicen y sean adoptadas por otros organismos. En la Argentina esta tercera etapa está poco elaborada y es escasa la tendencia de fomentar la independencia de jóvenes investigadores y la creación de nuevas líneas de investigación. Ambas actividades deberían estar regidas por estrictos criterios de excelencia para evitar un mero crecimiento cuantitativo y “nuevas” líneas improductivas.
Es conocido que el rápido desarrollo reciente de países como Irlanda, Corea del Sur, Finlandia y otros se fundó en un decidido y constante apoyo prioritario a la Educación, Ciencia y Tecnología entre otras razones. Finlandia se destaca por ocupar el primer lugar en evaluaciones de lengua y ciencia de la OCDE y el segundo en matemáticas, destinar el 6% del PBI a educación y por una rigurosa selección de los docentes, aún de los maestros que son de formación universitaria. La Argentina debería seguir estos ejemplos y promover la formación de un mayor número de jóvenes científicos calificados y asegurarles su futuro en nuestro país.

Dr Rubén H. Vallejos

¿QUÉ OPINAS?

3 comentarios:

Hugo Passarello Luna dijo...

Hablando de becas, queria invitarlos a ver la convocatoria de becas de Asociacion Civil Colegios del Mundo Unido.

La pueden ver en mi bloh:
http://hugopassarello.blogspot.com/

Saludos

Hugo

Anónimo dijo...

LA PÁGINA ME PARECE MUY INTERESANTE, CON UN GRADUAL CONTENIDO DE INFORMACIÓN,Y UN EXCELENTE NIVEL DE PREOCUPACIÓN POR EL TEMA EXPLICADO Y EXTENDIDO..

LOS FELICITO...
SALUDOS ATTE..

rosalia dijo...

Realmente estoy de acuerdo con lo comentado. En mi opinión, la clave del progreso y la libertad intelectual está en la educación.
Para mi es triste como la fuente de información mayoritaria en Argentina es la Televisión, con programas muchas veces denigrantes y burlescos, que masifican ideales y opiniones.
Como estudiante de doctorado y becaria del CONICET me siento comprometida con el país por financiar mi formación, y mantengo firme mi convicción de devolver al país el esfuerzo que depositó en mi en forma de desarrollo y tecnología aplicada.
Muchas veces me siento mano de obra calificada, pero está en uno cambiar las realidades.

Saludos, Rosalia